INFORMACIÓN: Encuentran en Sinaí un importante refugio arqueológico con pinturas de hace diezmil años

Vista general del abrigo rocoso con indicación de algunas de las pinturas. Crédito: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto
Vista general del abrigo rocoso con indicación de algunas de las pinturas. Crédito: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto

 

Por Guillermo Carvajal/LBV

 

Una misión arqueológica egipcia del Consejo Supremo de Antigüedades que trabaja en el sur de la península del Sinaí ha sacado a la luz uno de los yacimientos de arte rupestre más relevantes de las últimas décadas, un sitio hasta ahora desconocido para la comunidad científica y que ha sido identificado como la meseta de Umm Araka.

El hallazgo, presentado oficialmente por las autoridades de antigüedades, revela una secuencia ocupacional que se extiende a lo largo de aproximadamente diez mil años, con manifestaciones artísticas que abarcan desde el periodo Neolítico hasta la época islámica, consolidando a la región como un enclave estratégico para el estudio del poblamiento humano y el intercambio cultural en el antiguo Cercano Oriente.

 

El ministro de Turismo y Antigüedades, Sherif Fathy, calificó el descubrimiento como una adición cualitativa de primer orden al mapa arqueológico egipcio, subrayando que el sitio constituye una evidencia tangible de la sucesión de civilizaciones en este territorio a lo largo de los milenios.

 

Fathy señaló que este tipo de hallazgos refuerza la posición de Egipto en el circuito del turismo cultural internacional y abre nuevas perspectivas para el desarrollo de este segmento turístico, toda vez que la riqueza patrimonial de la península se ve ahora incrementada con un enclave de excepcional valor histórico y artístico.

 

Vista de uno de los paneles del abrigo pocos con pinturas. Foto: Ministerio de Turismo y Antigüedades
Vista de uno de los paneles del abrigo pocos con pinturas. Foto: Ministerio de Turismo y Antigüedades

 

Las declaraciones del ministro inciden en la continuidad de los trabajos de exploración, documentación y conservación que lleva a cabo su departamento conforme a los estándares internacionales más exigentes, una labor que ha permitido sacar a la luz este conjunto de representaciones gráficas y restos materiales.

 

Por su parte, el secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Hisham El-Leithy, explicó que la meseta de Umm Araka debe ser considerada como un museo natural al aire libre debido a la extraordinaria diversidad cronológica y técnica de sus inscripciones y pinturas rupestres.

 

El-Leithy enfatizó que esta variedad, que abarca desde las expresiones figurativas de las sociedades cazadoras-recolectoras del Holoceno inicial hasta las inscripciones árabes de época medieval, otorga al yacimiento una relevancia científica fuera de lo común, ya que permite trazar una línea evolutiva del pensamiento simbólico y la capacidad artística del ser humano en un mismo espacio geográfico.

 

Los trabajos de análisis y estudio de los motivos representados se prolongarán durante los próximos meses, fase preliminar indispensable para el diseño de un plan integral que garantice la protección del lugar y su adecuada documentación de cara a futuras investigaciones.

 

El descubrimiento se enmarca en las labores sistemáticas de prospección y registro del arte rupestre en el sur del Sinaí, tareas que han contado con la colaboración de la población local, concretamente con la guía de Rabie Barakat, natural de la zona de Serabit el-Jadim, un ejemplo del papel que desempeñan los habitantes de la región en la salvaguarda del legado cultural.

 

Otro de los paneles con pinturas. Foto: Ministerio de Turismo y Antigüedades
Otro de los paneles con pinturas. Foto: Ministerio de Turismo y Antigüedades

 

La meseta de Umm Araka se localiza en una zona arenosa a unos cinco kilómetros al noreste del conocido templo de Serabit el-Jadim y de las antiguas áreas de explotación minera de cobre y turquesa, un emplazamiento estratégico que domina una vasta llanura que se extiende hacia el norte hasta alcanzar la altiplanicie de El Tih.

 

Esta posición privilegiada sugiere que el lugar pudo funcionar a lo largo de la historia como punto de vigilancia, área de congregación y lugar de descanso para las gentes que transitaban por esta ruta.

 

La topografía del sitio presenta un abrigo rocoso de formación natural labrado en la arenisca que se despliega en el flanco oriental de la meseta a lo largo de más de cien metros lineales, con una profundidad que oscila entre los dos y los tres metros.

 

La altura del techo de esta visera rocosa varía desde aproximadamente metro y medio hasta tan solo medio metro, una característica morfológica que ha condicionado su uso humano y que ha preservado en su superficie un conjunto excepcional de representaciones pictóricas.

 

El techo del abrigo contiene una nutrida colección de pinturas ejecutadas con tinta de color rojo, entre las que se reconocen figuras de animales y diversos signos cuyo significado aún es objeto de análisis por parte de los especialistas.

 

Junto a estas representaciones, el equipo de la misión egipcia ha documentado por vez primera otro grupo de pinturas realizadas en tonalidad grisácea, una variante cromática que no había sido registrada con anterioridad en la zona y que amplía el espectro técnico del repertorio artístico del yacimiento.

 

A ello se suman numerosas inscripciones y escenas elaboradas mediante distintas técnicas de ejecución, lo que evidencia una complejidad cultural y una riqueza estética que los arqueólogos consideran excepcional para un único enclave.

 

Uno de los paneles decorados más antiguos. Foto: Ministerio de Turismo y Antigüedades
Uno de los paneles decorados más antiguos. Foto: Ministerio de Turismo y Antigüedades

 

Durante los trabajos de documentación en el interior del abrigo, los arqueólogos hallaron considerables acumulaciones de excrementos de animales, un indicador inequívoco de que en épocas posteriores el espacio fue empleado como refugio tanto para personas como para el ganado, ofreciendo protección frente a las inclemencias meteorológicas, particularmente las lluvias y las tormentas de granizo típicas del clima desértico.

 

Asimismo, se identificaron divisiones internas construidas con mampostería de piedra que configuraban unidades habitacionales autónomas, en cuyo interior se localizaron restos de hogueras que atestiguan la recurrencia de la ocupación humana en fases sucesivas.

 

La prospección arqueológica extendida a los alrededores proporcionó además materiales muebles de gran interés, entre los que destacan diversas herramientas de piedra y una colección de fragmentos cerámicos.

 

El estudio preliminar de estas piezas permite atribuir una parte de la muestra cerámica al Reino Medio faraónico, mientras que otro grupo de fragmentos ha sido fechado en época romana, concretamente en el siglo III de nuestra era. Esta evidencia material confirma la perduración del uso del lugar durante milenios, con sucesivas reocupaciones que aprovecharon las cualidades protectoras del abrigo y su posición dominante.

 

El análisis preliminar de las manifestaciones gráficas ha llevado a los investigadores a establecer una seriación cronológica tentativa que distingue varios conjuntos.

 

El grupo más antiguo corresponde a las pinturas rojas del techo del abrigo, cuya ejecución se sitúa, en una primera aproximación, en el intervalo comprendido entre el décimo milenio y el 5500 antes de nuestra era, representaciones que ilustran diversas especies animales y que constituyen un testimonio visual del entorno ecológico y la fauna presente en aquellos tiempos remotos.

 

 Crédito: Ancient Arquitects

 

Una fase posterior incluye grabados realizados mediante la técnica de incisión profunda, entre los que sobresale una escena donde un cazador armado con arco acecha a una cabra montesa, acompañado de varios perros, una composición que refleja las estrategias de subsistencia y las actividades económicas de los grupos humanos que ocuparon la región.

 

Otros conjuntos figurativos incorporan representaciones de dromedarios y caballos en diversas actitudes, algunos montados por jinetes portadores de armamento, y en ciertos casos asociados a inscripciones en escritura nabatea, lo que remite a periodos históricos caracterizados por intensos contactos culturales y dinámicas de interacción entre poblaciones de diverso origen.

 

Finalmente, se ha documentado una serie de inscripciones en lengua árabe que constituyen un testimonio elocuente de la continuidad del poblamiento y la frecuentación del sitio durante los primeros siglos de la expansión islámica y a lo largo de la Edad Media, cerrando así un ciclo ocupacional de una amplitud cronológica difícil de igualar en la arqueología de la región.

 

 

Fuente: La Brujula Verde

https://www.labrujulaverde.com/2026/02/encuentran-en-el-sur-del-sinai-un-refugio-rocoso-con-pinturas-de-hasta-diez-mil-anos-de-antiguedad

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