
Por Guillermo Carvajal/ La Brújula Verde
Un equipo internacional de investigadores publica el primer atlas digital de alta resolución de las calzadas romanas, duplicando la longitud conocida y exponiendo las grandes lagunas en nuestro conocimiento.
El mapa más detallado de la red viaria del Imperio Romano revela que solo conocemos con certeza la ubicación del 2,7% de sus calzadas
Imaginen un mapa que muestre, con un nivel de detalle sin precedentes, la inmensa red de calzadas que una vez unió el vasto Imperio Romano, desde las lluviosas tierras de Britania hasta los desiertos de Egipto y Siria. Este mapa ya existe. Se llama Itiner-e, y es el fruto de un colosal esfuerzo de investigación internacional que ha logrado cartografiar casi 300.000 kilómetros de vías romanas, casi el doble de lo que se conocía hasta ahora.
Este nuevo dataset o conjunto de datos, presentado en un artículo publicado en la revista Scientific Data, expande nuestro conocimiento sobre la infraestructura que sustentó el comercio, el ejército y la administración imperial durante siglos, y arroja una luz cruda sobre los límites de nuestra comprensión: solo el 2.737% de la ubicación de estas calzadas se conoce con absoluta certeza.
"El sistema de carreteras del Imperio Romano fue fundamental para estructurar el movimiento de personas, bienes e ideas, y para sostener el control imperial. Sin embargo, a pesar de siglos de investigación, sigue estando incompletamente cartografiado y pobremente integrado entre las distintas fuentes", señalan los autores, liderados por Pau de Soto, Adam Pažout y Tom Brughmans. Itiner-e viene a llenar este vacío.
Los 195.693 km restantes (65.42%) son vías secundarias. Estas reflejan la movilidad local y regional, y son el campo donde futuras investigaciones podrían descubrir muchos más kilómetros.

Un proyecto colosal: de la idea al mapa digital
La creación de Itiner-e fue una tarea hercúlea, desarrollada entre 2020 y 2024 por un equipo de más de veinte investigadores de instituciones de toda Europa. El trabajo se estructuró en tres fases meticulosas:
En primer lugar la identificación. Los investigadores rastrearon miles de fuentes: desde textos históricos como el Itinerario Antonino y la Tabula Peutingeriana (una suerte de mapa turístico de la antigüedad), hasta informes arqueológicos de excavaciones, hallazgos de miliarios (postes de piedra que marcaban la distancia) y estudios regionales previos.
La segunda fase fue la localización. Una vez identificada una ruta en los textos, había que situarla en el terreno. Para ello, el equipo recurrió a una combinación de herramientas modernas y antiguas: fotografías aéreas históricas de los años 50, imágenes de satélite actuales (como las de Google Earth o ESRI), e incluso el espionaje de la Guerra Fría, utilizando imágenes del satélite espía Corona (de 1967-1972) para capturar el paisaje antes de que grandes presas modernas inundaran valles enteros.
También se usaron mapas topográficos modernos y del siglo XIX y XX, donde muchas de estas vías aparecen aún marcadas como Vía Romana.
La digitalización configuró la tercera fase. Cada tramo de camino fue dibujado manualmente en un sistema de información geográfica (GIS), adaptando la ruta a la realidad del terreno. En lugar de trazar una línea recta para cruzar una montaña, nuestras carreteras siguen un paso sinuoso, explican los investigadores. Este enfoque, mucho más realista, resulta en trazos más largos y detallados.
El proyecto fue una colaboración de varias iniciativas, destacando MINERVA, que se centró en el Norte de África, Oriente Próximo, Asia Menor y el Sudeste de Europa; y Viator-e, que cubrió el Imperio Romano de Occidente.
Cifras que asombran y una sorpresa inesperada
El resultado final es un mapa que cubre un área de casi 4.000.000 de km², el territorio del Imperio en su máxima extensión, alrededor del año 150 d.C. La red viaria de Itiner-e contiene 299.171 kilómetros de caminos, divididos en 14.769 segmentos. Esta cifra supera ampliamente los 188.555 km del anterior dataset de referencia (el Digital Atlas of Roman and Medieval Civilizations).
De este total, 103.478 km (34.58%) están clasificados como vías principales. Estas son las autopistas de su época, documentadas mediante miliarios o fuentes históricas. Los autores creen que es poco probable que esta cifra aumente significativamente en el futuro, ya que son las vías más estudiadas.
Pero la revelación más impactante del estudio no es la longitud, sino la incertidumbre. El equipo introdujo categorías de certeza para cada segmento, con un resultado revelador:
Cierto (2,737%): Segmentos bien documentados y digitalizados con alta precisión espacial (menos de 50 metros de desviación en montaña, menos de 200 en llanura).
Conjeturado (89,818%): Caminos identificados, pero cuya ubicación precisa tiene un menor nivel de documentación. A menudo, su trazado se infiere siguiendo caminos modernos o características geográficas lógicas, corroborado por alguna evidencia arqueológica dispersa.
Hipotético (7,445%): Caminos que se especula que existieron, pero sin evidencia sólida para ubicarlos con precisión, o en áreas donde la infraestructura era menos fija, como desiertos con múltiples rutas paralelas posibles.
Este dato es crucial, muestra una discrepancia entre nuestro conocimiento de la existencia y la ubicación de las carreteras romanas. Sabemos que todas las carreteras incluidas se usaron en algún momento durante el período romano, pero su ubicación precisa no es segura.
Uno de los mayores límites que reconoce el proyecto es la imposibilidad de mostrar la evolución de la red viaria a lo largo del tiempo. Una ausencia de evidencia cronológica de la creación y el cambio de las carreteras, que sea comparable a escala imperial, imposibilita una reconstrucción dinámica.
Las calzadas no aparecieron de la noche a la mañana. El Imperio incorporaba y mejoraba caminos más antiguos. Las redes de transporte crecen orgánicamente, se construyen nuevas carreteras sobre las antiguas, cambian de función y características físicas, y caen en desuso, aclara el artículo. Itiner-e representa una «foto fija» alrededor del 150 d.C., pero el sistema fue un organismo vivo que cambió durante siglos.
La calidad y cantidad de información también varía enormemente de una región a otra, lo que el equipo ha plasmado en unos innovadores mapas de confianza. Estos mapas combinan dos factores:
En primer lugar la representatividad:
¿Tenemos muchos caminos y están digitalizados con alto detalle? Zonas como la Península Ibérica, el sur de Francia o el Levante mediterráneo presentan una representatividad «excepcional» o «por encima de la media». Otras, como el centro de Anatolia, Córcega, Cerdeña o el Danubio medio, tienen una representatividad «baja».
El segundo factor es la fiabilidad de las fuentes:
¿Se basan los datos en proyectos arqueológicos detallados y modernos o en atlas antiguos de baja resolución? Norte de África, Oriente Próximo y Grecia, gracias a proyectos recientes, tienen una fiabilidad «alta». En cambio, para partes de los Balcanes o Centroeuropa, la fiabilidad es «media» o «baja» por depender de fuentes menos precisas.
El mapa de confianza resultante es una herramienta honesta que señala claramente las zonas donde futuras investigaciones deben concentrarse.
Itiner-e es un recurso abierto y gratuito disponible en la plataforma Zenodo y en la página web https://itiner-e.org. Cada segmento de carretera tiene un identificador único (URI) y está vinculado a lugares antiguos en la base de datos Pleiades, facilitando su uso en estudios computacionales.
Las aplicaciones potenciales son enormes. Los autores sugieren que este recurso es transformador para entender cómo la movilidad moldeó la conectividad, la administración, e incluso la transmisión de enfermedades en el mundo antiguo. Economistas, historiadores, epidemiólogos o genetistas podrán utilizar estos datos para modelar el flujo de mercancías, ideas o patógenos a través de las venas del Imperio.
Además, la plataforma online está diseñada para crecer. Permite a la comunidad académica añadir nuevos datos o proponer correcciones, asegurando que Itiner-e no sea un producto estático, sino el punto de partida para una comprensión cada vez más profunda de la infraestructura romana.
Itiner-e es un logro monumental en el estudio del mundo antiguo. Duplica la extensión conocida de la red viaria romana, pero, quizás de manera más importante, nos obliga a ser humildes ante el registro histórico.
Nos muestra la colosal ambición de Roma por conectar su imperio, al mismo tiempo que revela, con una precisión numérica sin precedentes, cuánto nos queda aún por descubrir y verificar sobre el terreno que pisaron legiones, mercaderes y viajeros hace dos milenios.
Como concluyen los autores, "este recurso hace explícitas por primera vez estas lagunas en nuestro conocimiento actual de las carreteras romanas, permitiendo que esta información informe sobre pruebas de robustez y cuantificaciones de incertidumbre en estudios futuros, y especificando cómo y dónde los futuros esfuerzos de recopilación de datos pueden mejorar nuestro conocimiento". El mapa más completo hasta la fecha es, sobre todo, una brújula que guía la investigación del mañana.
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Rubén A. (miércoles, 12 noviembre 2025 17:37)
Interesante investigación.