INFORMACIÓN: La Irlanda celta, un mosaico de clanes

Trim Castle. (cc) Anna & Michal
Trim Castle. (cc) Anna & Michal

Por Alejandro García Vizcaya

 

La isla de Irlanda es un reducto de historia celta, un enclave en la que los antiguos sacerdotes gaélicos, los druidas, resistieron firmemente hasta la conquista por parte de la dinastía inglesa de los Tudor en 1607. También conocida como Eire o Isla Esmeralda, la nación que hoy conocemos y en la que la tradición gaélica es conservada con orgullo, no fue siempre un territorio unido y sólido. Antes de la reconquista británica definitiva, la Irlanda celta agrupaba a numerosos clanes que se dividían en cuatro territorios en continua disputa por los recursos. 

 

El irlandés siempre ha sido un pueblo firme y tenaz, generalmente tradicional, que mantuvo la religión celta hasta el siglo IV d.C., mucho después de que el resto del continente europeo acogiera esta religión. Los señores de Irlanda controlaron la Isla Esmeralda durante toda la Edad Media, compitiendo con sus semejantes por las mejores zonas de pastos para la ganadería, principal actividad económica de la época. Estos señores se dividían en cuatro provincias históricas: Connacht (en irlandés: Connachta), Leinster (en irlandés: Laighin), Munster (en irlandés: An Mhumhain) y Úlster (en irlandés: Cúige Uladh), reinos independientes de pequeño tamaño denominados tuah, destacando Connacht y Ulster.

 

Un amplio abanico de reinos competían entre sí, expandiéndose o retirándose según las campañas militares y los acuerdos, hasta que en el siglo VII los diferentes estados pasaron  estar bajo el mando de un Rey Supremo o Ard Rí que, sin embargo, no supuso ningún poder real. Solo desde el siglo XI el Rey Supremo Brian Boru ejerció un poder fáctico gracias a su título, y esto llevó a una creciente ambición humana que obligó a limitar el acceso a este título monárquico a unas escasas familias nobles: O'Brien de Munster, McLochlainn del Cenél nEógain, O'Connor de Connacht. Así, los reinos menores terminaron por convertirse en simples feudos, sirvientes del Rey Supremo, en torno al siglo XII.

 

 

La sociedad irlandesa medieval se basaba en un curioso sistema de clanes que, en contra de lo que se piensa, no se basaba únicamente en los lazos consanguíneos. Las personas adoptadas, acogidas en el clan, o los aliados estratégicos, formaban parte del mismo con derecho propio. Ni siquiera la sucesión era segura para el primogénito, sino en la institución llamada tanistry, en la que un individuo del clan (que generalmente era familia del líder vigente) competía con el líder para sucederle en el cargo tras su muerte.

 

El Bardo, obra de John Martin.
El Bardo, obra de John Martin.

Los juristas, físicos, arperos, bardos o poetas formaban las clases profesionales principales de los reinos irlandeses, llegando incluso a estar libres del servicio militar, y generalmente solo desarrollaban un único oficio. Así, los Margraths de Munster eran poetas e historiadores y los O'Duigenans que eran historiadores y músicos. El jefe de cada profesión, que podría considerarse el presidente de un pre-gremio, tenía el nombre de ollave o en gaélico ollamh, que era elegido por el señor territorial y le servía a él directamente, como un ministro político. Algo a destacar de la cultura celta medieval es que un puesto destacado en la sociedad, similar al del sacerdocio religioso, era reservado para los bardos. Estos músicos estaban al nivel de los druidas y era una de las profesiones de más prestigio que un ciudadano podía ejercer.

 

El oficio más antiguo para la sociedad irlandesa era el de poeta, que existía desde una época anterior a la cristiana en el año 400 d.C., mientras que las otras comenzaron a surgir en el siglo XI, aunque estos poetas eran inferiores a los bardos y les servían de asistentes.

  

A finales del siglo XII llegó la invasión normanda y una buena parte de la isla quedó bajo el control de la nobleza cambro-normanda, que bautizó a este nuevo territorio como Señoría de Irlanda, aunque los siglos subsiguientes fueron un tira y afloja en la que lo normandos y los clanes nativos se disputaron los territorios, recuperando estos últimos terreno poco a poco, bien por las espadas o por la asimilación cultural. Fue Enrique VIII, al frente de los Tudor, los que lanzaron campaña militar tras campaña militar para someter al reino vecino, y en 1541 lo bautizó como Reino de Irlanda, y cuya corona recayó en el rey de Inglaterra. En parte, llevó a cabo este movimiento de conquista por miedo a futuras campañas ofensivas por parte de Irlanda. Esto, unido a su deseo de independizarse religiosamente de la Santa Sede, pretendía hacer que Irlanda quedara bajo su dominio no solo político sino también económico. Fue en 1607, con la huida de Aodh Mór Ó Néill, conde de Tyrone y Rudhraighe O Domhnaill, conde de Tyrconnell tras la derrota irlandesa en la Guerra de los Nueve, cuando se cimentó el dominio total de Inglaterra sobre la isla.

 

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