INFORMACIÓN: La tumba de Miguel Ángel en Florencia

Michelangelo Buonarroti, gran artista del Renacimiento. Imagen ©: Wikipedia.org
Michelangelo Buonarroti, gran artista del Renacimiento. Imagen ©: Wikipedia.org

Por Alejandro García Vizcaya

 

El Renacimiento fue una época de esplendor de las artes y las ciencias. Una época en la que la la Iglesia Católica, recelosa de los cambios y el conocimiento que pusiera en duda su doctrina, fue combatida por la genialidad humanista. La creatividad, el ingenio, la polivalencia en las artes y ciencias fueron valores ensalzados en la corte de los Médici en la ciudad de Florencia, la ciudad que vio nacer el movimiento artístico del Renacimiento. Entre sus muchos lugares y monumentos  emblématicos, está la sepultura de Miguel Ángel que, junto a sus restos, guarda una interesante historia.

Florencia, del latín Florentía -que significa acertadamente florecimiento-, posee maravillas como la Catedral de Santa María del Fiore, la Galeria Uffizi, el Monte Vecchio, el Palacio Pitti o el ilustrísimo David, y ha albergado a notables artistas como Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Botticelli, o Brunelleschi, entre otros, aunque no hay artista tan destacado como Miguel Ángel. Arquitecto, escultor, pintor y genio sin discusión, Michelangelo Buonarroti es considerado aún hoy uno de los más grandes artistas de la historia, y el primer artista occidental que puede presumir de que se publicaran hasta dos biografías en vida Le vite de' più eccellenti pittori, scultori e architettori, de Giorgio Vasari, publicada en 1550, y Vita de Michelangelo Buonarroti, escrita en 1553 por Ascanio Condivi, discípulo del artista italiano.

 

Durante más de setenta años dedicados a la creación artística, Miguel Ángel se dividió entre Florencia y Roma, poderosas ciudades enfrentadas por sus ideales, y en las que recibía el apoyo de sus grandes mecenas: la familia Médici de Florencia y los papas de Roma. Acogido desde niño y promocionado en el seno de la poderosa familia de banqueros florentinos, los Médici, la actitud orgullosa y altiva de estos causó no pocas decepciones y tiranteces con el artista a lo largo de los años, hasta el punto en que decidió vivir sus últimos treinta años en Roma, alejado de la corrupta familia dirigente y su villa de Florencia. 

 

Los Médici siempre intentaron que Miguel Ángel volviera a Florencia para honrarla con su presencia, para tener en su bando al mayor artista del Renacimiento, que simbolizaba la creatividad artística y la ideología Médici en sus obras, que suponían una gran fuente propagandística para la familia de banqueros y comerciantes ascendida a la élite. Además, todas las ciudades italianas ansiaban poseer alguna reliquia, algo a lo que poder venerar, algo que atrajera comerciantes y peregrinos, y con ello, su dinero. Pero en el Renacimiento se ensalzaba el genio creativo casi tanto como la virtud religiosa, por lo que un gran artista podría llegar a ser alabado casi como un santo en vida. Un 18 de Febrero de 1564, Miguel Ángel expira y fallece en Roma, por lo que todo intento por parte de Cosme de Médici para que les honrara en vida fracasó. Pero aún quedaba algo por hacer, un último intento de que Miguel Ángel volviera a Florencia, y si no pudo ser vivo, lo haría muerto.

 

El cuerpo del artista iba a ser depositado en el convento adjunto a la Basílica de los Santos Apóstoles, pero se dice que dos secuaces del Duque Médici, con malas artes, entraron en el recinto y robaron el cadáver antes incluso de ser introducido en el sepelio. Rápidamente, partieron a Florencia, de modo que a la mañana siguiente, cuando los monjes se levantaron, Miguel Ángel ya no estaba. Hoy en día puede no impactar tanto, pero en ese momento supuso un hecho sin precedentes, un acto de gran vileza e insidia, o, al menos, así lo denunciaron los ciudadanos romanos, que incluso hoy guardan cierta rivalidad con los florentinos, cual forofos de equipos de fútbol. Los agentes Médici pusieron el cuerpo en un carro junto con otros paquetes y enseres, y marcharon para Florencia esquivando a los guardias de Roma, portando con ellos el cadáver del hijo más célebre de la villa florentina. La misión tuvo éxito.

 

El sepulcro de Michelangelo Buonarroti con las tres alegorías y su busto sobre ellas. Foto ©: Wikipedia.org
El sepulcro de Michelangelo Buonarroti con las tres alegorías y su busto sobre ellas. Foto ©: Wikipedia.org

Veinticinco días habían transcurrido tras su muerte hasta que el cuerpo fue devuelto a Florencia, y Vasari, desconsolado, afirmó que se lo encontró incorrupto, sin emitir el más leve hedor, como si el genio artístico se hubiera, simplemente, dormido, abandonado a un sueño dulce y tranquilo. La canonización del artista era indudable. Cuando dieron comienzo los preparativos, Cosme no reparó en gastos para honrar al gran artista, empleándolo sin duda como arma política contra el draconiano poder papal. La ceremonia fue la más fastuosa que se había visto en Florencia, y un hombre, un genio pero de carne y hueso, sería alzado a la santidad, a la inmortalidad, elevado a los altares. Se convirtió para Florencia en lo que San Marcos era para Venecia y San Pedro eran para Roma, verdaderos apóstoles y discípulos del mismísimo Jesucristo, enterrado en un funeral de Estado con todo lo que ello conllevaba.

 

Sería honrado con un lugar en la Basílica de Santa Croce, la iglesia reservada a los grandes héroes de la ciudad, en una tumba que se convertiría en un hito del arte renacentista y florentino. Obra del diseñador Giorgio Vasari y con la colaboración de Benvenuto Cellini, Bartolomeo Ammannati y Bronzino, todos grandes genios del Renacimiento, la tumba cuenta con tres singulares alegorías a las bellas artes en las que Miguel Ángel destacó: la pintura, la escultura y la arquitectura. La escultura que encarna la pintura, a la izquierda, porta unos pinceles y una estatuilla que quizás va a dibujar; la que simboliza la escultura, en el centro, lleva consigo un bloque de mármol bruto y cinceles; y por último, la escultura que representa la arquitectura guarda en una mano un compás y en la otra un rollo de pergaminos, quizás unos planos. Sobre ellas, en lo alto, un busto del insigne artista.

El propio Vasari escribió: "A ningún Papa o Emperador despediría Florencia como a Miguel Ángel, su hijo pródigo". 

 

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