INFORMACIÓN: Canarias, un enclave privilegiado para avistar rarezas entre tres continentes

Marabú (especie Subsahariana) avistada en Corralejo, Fuerteventura (Las Palmas). Foto del 7 de diciembre de 2012 ©Raymond Purser
Marabú (especie Subsahariana) avistada en Corralejo, Fuerteventura (Las Palmas). Foto del 7 de diciembre de 2012 ©Raymond Purser

Por SEO/BirdLife

 

El archipiélago canario tiene una singular ubicación en el océano Atlántico: a un lado, separado por el ancho mar, América; al otro, casi pegado, África, y hacia el norte, muy próximo, el continente europeo, con la península Ibérica como puerta de entrada. En esta encrucijada, las Canarias son un punto de arribada de aves divagantes, muchas de ellas arrastradas por los grandes ciclones caribeños y los temporales de Norteamérica. Pero también recibe especies desviadas de la ruta migratoria que bordea la costa de África occidental. Sin olvidar, aquellas procedentes del sur del Sahel que impulsadas por el viento sahariano llegan hasta las islas Afortunadas. Estas condiciones hacen de las Canarias un lugar singular para el avistamiento de aves poco comunes, también llamadas rarezas, y son un espacio preferente para los ornitólogos deseosos de encontrar en estas siete islas algún ave procedente de lugares muy lejanos al tiempo que observar las especies endémicas canarias.

El último Informe de Rarezas, publicado en la revista científica Ardeola, recoge las observaciones de aves raras en España en el periodo 2012-2013. Concretamente 636 registros nuevos sobre la presencia de 151 taxones de aves raras, con una aceptación del 86,6%.

 

De ellas, un total de 155 citas pertenecientes a 59 especies corresponden al archipiélago canario (el 24,3% de las citas) ya sea de forma exclusiva en estas islas en el caso de 13 citas de 10 especies, o compartidas con el resto del territorio nacional. Además, del total indicado, 24 especies y 53 citas se consideran rarezas únicamente en el ámbitos canario, mientras que las 35 especies restantes comparten su carácter de divagantes con el resto del territorio nacional. Estos datos certifican la importancia de este archipiélago en el contexto español para la observación de las rarezas.

 

Marcel Gil Velasco, miembro actual del Comité de Rarezas de SEO/BirdLife, ha seleccionado de este último Informe de Rarezas un par de citas del avistamiento de dos rarezas de las que fue testigo, cormorán orejudo y pardela chica de Cabo Verde, de las que destaca la singularidad de estas especies en Canarias, el momento de la observación, así como datos sobre su biología y distribución.

 

Cormorán orejudo en El Hierro

 

El cormorán orejudo (Phalacrocorax auritus) fue avistado en el Hierro en octubre de 2012. Se trata de una especie neártica que nidifica en una amplia franja al norte de los Estados Unidos y sur de Canadá e inverna al este del subcontinente americano, principalmente alrededor del golfo de México.

 

Existen un buen número de observaciones en el Paleártico Occidental, pero la práctica totalidad (más de 50 individuos) se concentra en Azores, donde viene siendo casi regular durante los últimos años. En el continente europeo tan solo Francia, Irlanda y Reino Unido cuentan con un registro de la especie, siendo este último enclave donde se produjo la primera observación para la región paleártica en 1996.

Cormorán orejudo. Muelle de La Restinga, el Pinar, el Hierro (Santa Cruz), octubre de 2012. ©Marcel Gil Velasco
Cormorán orejudo. Muelle de La Restinga, el Pinar, el Hierro (Santa Cruz), octubre de 2012. ©Marcel Gil Velasco

“La mayoría de registros se producen durante el mes de octubre, cuando la presencia casi continua de huracanes alrededor del golfo de México empuja a algunas aves en medio de su migración hacia este lado del Atlántico. Algunas de estas aves se quedan a invernar y la presencia de algunos ejemplares en Azores puede alargarse varios meses”, cuenta Marcel Gil.

 

Concretamente, la observación de El Hierro se produjo en el transcurso de una campaña de seguimiento de las especies zifio de Cuvier y zifio de Blainville llevada a cabo por la Universidad de La Laguna. El ave se pudo identificar con seguridad en el puerto de La Restinga, El Hierro, Santa Cruz de Tenerife, el 22 de octubre de 2012, aunque posiblemente estaba en la zona desde el día 19. “Estas fechas constituyen el pico de llegada de ejemplares a las Azores lo que, sumado al hecho de que El Hierro se situa en el extremo occidental del archipiélago Canario, hace que esta cita sea encuadrable en el contexto de aparición de la especie al este del Atlántico”, explica Gil.

 

En un primer momento, se pudo observar brevemente un cormorán en los acantilados de Tacorón, pero fue identificado y datado como un primer invierno tres días más tarde, el 22 de octubre, cuando se localizó al mismo ejemplar dentro del puerto de La Restinga, donde se asentó y permaneció hasta mediados de diciembre, según observaciones de José Ignacio Fernández. El ejemplar pudo ser observado alimentándose dentro del puerto y durmiendo en solitario en el pequeño espigón interior.

 

Pardela chica de Cabo Verde entre Tenerife y La Gomera

 

La pardela chica de Cabo Verde es una especie poco conocida de la que todavía queda mucho por descubrir en cuanto a identificación y distribución, lo que podría hacer variar su estatus en España en relativamente poco tiempo. Está muy emparentada con nuestra pardela chica Puffinus baroli baroli, por lo que su taxonomía sigue *debatiéndose.

Pardela chica de Cabo Verde. Mar abierto entre las islas de Tenerife y La Gomera (Santa Cruz), 10 de diciembre de 2012. ©Marcel Gil Velasco
Pardela chica de Cabo Verde. Mar abierto entre las islas de Tenerife y La Gomera (Santa Cruz), 10 de diciembre de 2012. ©Marcel Gil Velasco

La pardela chica de Cabo Verde cría entre otoño y primavera en este archipiélago situado al sur de la Macaronesia. Su población se estima en varios miles y, a pesar de estar muy localizada, no ha sido evaluada por la UICN. Se trata de una especie de hábitos oceánicos a lo largo de todo el año, que pasa el invierno en aguas del noratlántico central.

 

“A pesar de que puede diferenciarse de la pardela chica en el campo gracias a una mayor extensión del plumaje oscuro en la cara, a la ausencia de panel pálido en grandes cobertoras alares y a que presenta las infracobertoras caudales teñidas de oscuro, la principal dificultad a la hora de desvelar su verdadero estatus en España es su gran semejanza con la pardela de Audubon”, explica Marcel Gil. “Su única diferencia visible en el campo es la coloración de las patas, siendo las de la especie caribeña rosas, y azules las de la caboverdiana. A pesar de ello, se ha descrito que las pardelas de Audubon de la isla de Guadalupe también pueden presentar patas azules, por lo que incluso apreciando este carácter tan poco conspícuo hace falta ser cauto a la hora de determinar la especie con seguridad”, matiza Gil.

 

En este sentido, a pesar de que las fotografías tomadas por Marcel Gil impiden una identificacion con seguridad en función de caracteres morfológicos, el Comité Ciéntífico decidió aceptarla como boydi basándose en la evidencia de los datos de seguimiento remoto, que actualmente sugieren que lherminieri está muy restringida al Caribe y costa Atlantica americana. Mientras que, por otro lado, los datos procedentes de marcajes con geolocalizadores indican que algunos ejemplares de pardela chica de Cabo Verde se desplazan hacia el norte, alcanzando las islas Canarias e incluso más raramente las Azores entre finales de noviembre y enero, coincidiendo con el éxodo pre-puesta, según datos obtenidos por la investigadora Zuzana Zajková.

 

“Por ello, no es descartable que su presencia en aguas canarias sea más frecuente de lo que la hasta ahora ausencia de citas pudiese sugerir. Cabe añadir que la observación se produjo un 10 de diciembre, coincidiendo con las fechas en que alguno de los ejemplares marcados por Zajková se hallaban en aguas canarias, lo que refuerza la decisión del Comité”, explica Gil.

 

*Aunque aquí se utiliza la nomenclatura propuesta por la AERC en su último informe de 2015, otras referencias proponen su inclusión dentro de la pardela de Audubon Puffinus lherminieri (del Hoyo y Collar, 2014), de modo que tanto baroli como boydi se convertirían en subespecies de la misma.

 

Fuente:

http://www.seo.org/

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