INFORMACIÓN: ¿Quién disfrutó de las primeras vacaciones pagadas?

Turistas en Venecia. Un lugar común del turismo masivo. © Mariano Belenguer
Turistas en Venecia. Un lugar común del turismo masivo. © Mariano Belenguer

Por SINC

 

En 1936, mientras en España comenzaba la Guerra Civil, nuestros vecinos del país galo establecían ‘les congés payés’, las primeras vacaciones pagadas de la historia que disfrutaron ese mismo verano. El Frente Popular francés implantaba así el germen del desarrollo del turismo de masas. Esta nueva forma de viajar superó la crisis de los setenta, se consolidó en las décadas de los ochenta y noventa, convirtió en sinónimos España y turismo.

El 7 de junio de 1936 el gobierno del Frente Popular de Leon Blum firmó con los sindicatos los Acuerdos Matignon. Con este convenio se establece una jornada laboral de 40 horas y las primeras vacaciones pagadas de la historia, las ‘congés payés’. Estas incluían dos semanas de descanso de las que disfrutaron todos los franceses ese verano.

 

También fue un francés, el novelista Henri Beyle –más conocido como Stendhal–, el primero en introducir un neologismo muy acertado en el futuro, el de ‘turista’, al publicar en 1838 Recuerdos de un turista (Les Mémoires d’un touriste).

 

Pero, ¿era nuevo este fenómeno?

 

Obviamente no. En todos los tiempos de los que existe constancia histórica algunos humanos, individualmente o en grupo, buscaron experiencias distintas y transmitirlas a sus congéneres, por tradición oral o escrita. De hecho, las migraciones colectivas están presentes en las epopeyas de todos los pueblos.

 

La religión también ha desempeñado un papel principal en este espíritu viajero. Añadió una motivación más, ya que no se trataba solo de que algunos de estos individuos recorrieran largos trayectos para encontrar nuevos asentamientos o adquirir nuevas vivencias, también se desplazaban a lugares sagrados, como santuarios griegos y romanos como Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela, La Meca, etc.

 

En este sentido, el Códice Calixtino podría considerarse una ‘guía turística’, o un antecedente de las que conocemos en la actualidad, por la información práctica que proporcionaba al viajero.

 

¿Cuál es la primera guía española?

 

Los viajeros que surgieron tras las guerras napoleónicas convirtieron a España en uno de sus destinos predilectos. Estos ‘turistas románticos’ estarían encabezados por el pionero del hispanismo francés Alexandre de Laborde, autor de Itinerario de España (1809, 5 volúmenes y 1 atlas) y Viaje pintoresco e histórico por España.

 

Este perfil de turista romántico (hombres, artistas casi siempre, y de nacionalidad francesa, alemana e inglesa) empiezan a ser sustituidos posteriormente por personas de vacaciones o jubilados, con creciente presencia femenina.

 

Se trataba de la emergente burguesía que, en Reino Unido, empezaba a disfrutar del éxito del capitalismo imperialista que había nacido de la Revolución Industrial.

Otro hispanista, el inglés Richar Ford, sería el encargado de publicar otra guía turística enfocada a estos nuevos viajeros. En 1845 salía a la luz A Handbook for travellers in Spain, un encargo del editor del periódico londinense The Quaterly Review, John Murray, que publicaba por entonces una serie de guías de países europeos bajo el título de Handbook. Esta publicación se agotó rápidamente, y en 1847 salió a la luz una segunda de un solo volumen y más corta.

 

¿Dónde se hospedaban los primeros turistas en España?

 

Estos primeros turistas se hospedaban en fondas y posadas, hasta que en 1911 la Comisaría Regia de Turismo se marcó como objetivo “procurar la comodidad de los alojamientos”. De ahí surgirá la Red de Paradores. El primero de ellos sería el Parador de Gredos y el segundo el de Oropesa en 1930.

 

Antes incluso de la creación de estos paradores, una iniciativa real había suscitado la construcción de dos emblemáticos y representativos establecimientos de turismo en la capital de España: el Hotel Ritz (inaugurado el 2 de octubre de 1910) y el Hotel Palace (de 12 de octubre de 1912).

 

Ya en el siglo XX, el concepto de ‘veraneo’ se sustituye por el de ‘vacaciones’, y los viajes de élite dan paso a un fenómeno irreversible: el turismo de masas.

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