OPINIÓN: Precaución, tsunami turístico

Palafitos Puerto Montt, Castro / ©javidmgz
Palafitos Puerto Montt, Castro / ©javidmgz

Por Javi Domínguez

 

APENAS hay sitios recónditos. Se perdieron ante el conocimiento detallado de los mismos en las revistas y guías de viajes, en los blogs y en los folletos publicitarios. El turismo masivo ha sentado las bases de cómo viajar en la actualidad y todos conocemos las condiciones. Nuestra ilusión por emular a grandes exploradores se cae por la borda y la planificación de una nueva aventura es todo un rompecabezas que intenta evitar el tsunami turístico.  

Poco podemos hacer para salvar este boom aunque no hay que ser derrotistas. Hay que saber amoldarse, tomar un avión cuando todos se encuentran en su quehacer cotidiano y tener presente que incluso así, es probable que en aquella remota isla a la que vuelas, haya tres europeos, cuatro americanos y algún japonés. Siempre hay algún japonés.

 

El año pasado viajé a la Gran isla de Chiloé en Chile. Era invierno. Apartada de la conciencia de todo turista durante este periodo, no recuerdo haber pasado más frío en mi vida. Pensé que me encontraba en un sitio apartado de los largos tentáculos del turismo pero pronto vi que era un espejismo y que simplemente estaba adaptándome a la temporada baja.

 

Chiloé se echa a dormir en invierno y en otoño. Se acuesta tras el mes de mayo para invernar hasta finales de noviembre. Me perdí los pingüinos en Puñihuil, cerca de Ancud, debido a su migración pero tuve todo el Parque Nacional de Chiloé para mí durante la mañana de mi visita. Por momentos tenía sentimientos enfrentados debido a esa extraña sensación de querer ser un aventurero pero con las facilidades del turismo. La tranquilidad se paga. El hecho de encontrarte solo, sin turistas de por medio, conlleva que muchos lugares de interés estén cerrados, infraestructuras en plena construcción e instalaciones que están siendo renovadas para los meses más activos.

 

Acepté de buena manera los inconvenientes para lanzarme a la conocer las gentes, los pueblos en su actividad invernal, las iglesias Patrimonio de la Humanidad sin recorrido organizado y cansarme de comer curanto.  

Panorámica de Achao, Chiloé / ©javidmgz
Panorámica de Achao, Chiloé / ©javidmgz

Hace unos meses y con la llegada del verano austral, la aerolínea chilena LAN, inauguraba el trayecto Santiago-Castro, capital de Chiloé, con parada en Puerto Montt. Esta nueva ruta abre las posibilidades de visitar Chiloé durante todo el año por lo que quizás el letargo de la isla durante los meses de frío podría activarse con el calor turístico. De nuevo sentimientos enfrentados.

 

Este avance es una posibilidad para el desarrollo económico de la isla aunque conlleva un intenso debate para sus habitantes. Muchos celebran la apertura de esta nueva ruta aérea y se posicionan a favor de la construcción del futuro puente de Chacao que conectará Chiloé con el continente. Otros prefieren que esa inversión se derive a la construcción de hospitales y puestos clínicos en la isla, la mejora de las carreteras y la ubicación de sedes universitarias de calidad.

 

El turismo y la mejora del sector servicios pueden ser guías para el desarrollo de Chiloé aunque también un arma de doble filo. La inversión genera capital y creación de empleo. Bajo estos argumentos puedo entender la construcción del horroroso centro comercial de Castro cuya ubicación en el eje de la ciudad no hace más que provocar una imagen de rechazo conservada en mis retinas. Entiendo todas esas decisiones de la clase política y económica pero todas estas iniciativas pueden convertirse en un juego peligroso.

 

Hay que conocer cuáles son los costes de esta apertura al turista. Los chilotas tienen que ingeniárselas para preservar su idiosincrasia sin dejarse llevar por las ambiciones económicas que pueden destruir la imagen de su gran isla. Me recuerda al caso de Valdevaqueros por nombrar uno de los tantos otros destinos donde los intereses económicos no dejan títere con cabeza.

 

No sé cuándo volveré a Chiloé. Quiero regresar para devorar las mejores empanadas fritas en Doña Tula, puesto 8 de la feria de Dalcahue. Sin embargo, el pronóstico de meses atrás de The New York Times, cuando invitaba a recorrerla antes de que el turismo la arrase, me provoca pesadumbre. Espero que la lluvia y el frío, sobre todo el frío, ya que he perdido la confianza en las personas, se conviertan en los mejores aliados de la isla.

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Comentarios: 1
  • #1

    Lorena (jueves, 21 marzo 2013 14:06)

    Me encanto este post. Entiendo tus sentimientos encontrados, creo que muchas personas en el mundo, los compartimos.
    El turismo todo lo transforma, para bien y para mal. Pero si la clase política no planifica este desarrollo de manera sostenible, lo modifica más para mal que para bien.

    El boom turístico esta instalado en todo el mundo y todos se suben al tren, pero pocos saben cómo hacerlo preservando raíces, cultura e idiosincracia. Este es sin duda el gran desafío de los destinos turísticos, puesto que sin diferencias culturales viajar no es tan enriquecedor y pierde mucho valor.

    Un saludo.

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