OPINIÓN: Azuloscurocasinegro

©Foto: Raquel Álex Vázquez
©Foto: Raquel Álex Vázquez

Por Raquel Álex Vázquez

 

“Es un estado de ánimo, un futuro incierto, un color que, según el prisma con que se mire, cambia”. Así resumía en 2006 lo que era esta película para el que fue su director, el español Daniel Sánchez Arévalo. Estas mismas palabras, ese mismo estado de ánimo, ese futuro inseguro y ese mismo color, el azul oscuro casi negro, es el que define las aguas cristalinas de un turquesa mar Caribe que baña un nido de serpientes, más conocido como Cancún.

Las agencias de viajes le marcarán todo cuanto ha de hacer esa semana placentera y de relax absoluto de la que usted espera disfrutar. Ni hablar de ver cosas feas, de enfrentarse con otra realidad y, mucho menos, de concienciarse con un tremendo problema social que azota al casi millón y medio de los habitantes de Quintana Roo; bastante tenemos ya nosotros con nuestra crisis.

 

Gozará de una semana en la que, sin salir del hotel y de las rutas turísticas marcadas por su agencia de viajes, verá lo que es este paraíso del Caribe mexicano: las hermosas ruinas mayas de Tulum, el espectacular parque eco arqueológico de Xcaret donde nadará con delfines, las paradisíacas playas de Isla Mujeres, los peces de aguas tropicales que verá haciendo snorkel en Cozumel, y todo esto completado con las fiestas de las gigantescas discotecas de la Zona Hotelera, controladas todas por los narcos, y sus largos baños en las piscinas del lujoso hotel donde se hospeda.

 

Pero el buen viajero ha de saber que, si no se queda en la superficie de ese cristalino mundo de aguas turquesas, si se adentra en él, verá cómo su fondo es de azul oscuro casi negro como consecuencia del narcotráfico. Un problema que empezó en México hace muchos años, y frente al cual no se supo reaccionar a tiempo . El problema prosperó y se fue apoderando de casi todo el país mediante una guerra que ha dejado demasiadas víctimas -más de 30.000 muertos en los cuatro últimos años- y que obliga a repensar la estrategia de su Gobierno.

 

Esos mismos mexicanos sonrientes, amables y educados, que le sirvieron el postre, los que le indicaron por dónde estaba el río subterráneo para snorkelear, los que no pararon hasta que le compraron una camiseta de I love Cancún, todos esos y muchos más son víctimas de un virus que se extiende por todo el país como una mancha de aceite. Si usted como viajero mira para otro lado los seguirá hundiendo en un silencio tan sordo y tan mudo que seguirá fomentando esa filosofía del “Don´t worry, be happy”.

 

Estoy de acuerdo en que el viajero ha de divertirse en su viaje, ha de conocer paisajes hermosos y distintos a los que suele ver en su vida diaria y ha de impregnarse de lo mejor del país que visita. Pero aquel que tenga inquietudes y afán de conocer no debe quedarse en la superficie. Debemos conocer e informarnos de los lugares que elegimos visitar. Y no hay mejor forma de hacerlo que siendo consciente  de los problemas sociales de sus gentes, informándonos sobre su presente y su historia, abriendo nuestros ojos y nuestras mentes. Conviene escarbar para conocer, olvidarse de la propaganda turística, salir de las rutas marcadas en los mapas y descubrir lo que algunos "paraísos" camuflan y otros exhiben de la forma más descarnada, ante la cegera de un turismo inconsciente y complice.

 

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