OPINIÓN: Me como el mundo aliñao

Por Javi Domínguez

 

Reutilizo este título de una canción para resaltar uno de los aspectos más positivos dentro de una experiencia viajera: comer. Comer es viajar, al igual que leer también lo es, pero hoy aquí se habla de comida.

 

Comer es viajar y comiendo se conoce culturalmente al pueblo que se visita. Es como la marca registrada de cada cultura. Muchas de las costumbres y fiestas, la personalidad de las gentes se entienden gracias al factor culinario al que están ligados. El té inglés de las 5 de la tarde, el asado chileno, la pasta italiana, las conservas portuguesas… 

“¿Qué es lo que se come aquí?” preguntaría una persona que presenta un espíritu viajero nada más poner un pie en suelo foráneo. Con toda seguridad se lance a la aventura de tomar ese o aquel plato único y típico del lugar. Porque ¿quién viaja sin darse un placer gastronómico? Está bien, quitemos aquellos que siguen buscando las tapas españolas por allá adonde van y los que con un bocata o una porción de pizza se conforman. Tenemos otro grupo, alternativo por otro lado, que desayuna, almuerza y cena en los salones de un rey que compite con la gran “M” amarilla y radiante por un reino de fritanga y grasa.


Chop suey de cerdo con verduras, moussaka, cous-cous, sushi, chutney de mango… tanta es la variedad de platos como países hay en este mundo. La lista se alargaría llegando a lo inclasificable. Las posibilidades de viajar comiendo se multiplican con el hecho de llevarse a la boca algo de otro país. Se viaja aunque no nos movamos del comedor de nuestra casa. Todo eso nos lo podemos comer o intentar tener una experiencia similar, nunca es como en el lugar de origen, que nos transporte a conocer escenarios, pueblos, olores, calles y rincones que incluso no hemos llegado a visitar ni nunca visitaremos. Pero el sabor queda grabado en nuestro imaginario. 


Por eso invito a comerse el mundo con un poquito de aceite, sal y pimienta o sin aliñar. Que uno escoja los ingredientes, productos y sabores de esa carta interminable y se deje llevar por cada bocado. Probar, degustar, saborear, devorar,… todo una invitación a comer, a viajar.

 

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